Mi historia de fantasmas, ¿tienes alguna?

Debo confesarlo, adoro las historias de terror junto a esa sensación de miedo y nervios que se genera en el estómago y llega hasta la garganta. Cualquier ruido o movimiento puede causar un sobresalto y a veces de la pura emoción (o qué sé yo) se me llenan los ojos de lágrimas. Por supuesto esto me pasa al escucharlas o cuando voy a ver una buena película en el cine (algunas, no tan buenas, terminan causándome un poco de risa en su lugar).

Pero las historias bien contadas no tienen precio. Debo aclarar antes de comenzar que a pesar de mi gusto por ellas, no soy de las que las que las creen. Tal vez me gustan porque no niego la posibilidad que puedan ser reales, pero nunca estoy del todo segura. Y no las puedo negar del todo, porque alguna vez yo también experimenté mi propia historia de fantasmas.

¿Qué sabes sobre las historias de fantasmas?

Casi todos los relatos que incluyen apariciones fantasmagóricas tienen puntos en común y esos detalles me han llamado mucho la atención. Lo primero, el frío, parece ser que los fantasmas generan un descenso en la temperatura del ambiente cuando se encuentran cerca. Casi siempre se relacionan a lugares antiguos o con mucha historia o en su defecto a una muerte reciente, ya sea un familiar o amigo cercano.

Algunas veces estas apariciones han podido ser captados por el lente de una cámara fotográfica o de vídeo de forma casual. La imagen suele mostrar la presencia de alguien gris y no del todo clara. Los presentes nunca pueden explicar cómo se pudo generar ese reflejo.

Que no te sorprenda también que incluso un fantasma no solo sea de alguien que ya falleció. Al parecer en estados de inconsciencia (coma o simplemente mientras dormimos) también nuestro espíritu tiene la capacidad de separarse del cuerpo y viajar por el mundo.

Mi propia historia sobre fantasmas

Hace un par de años trabajaba en una revista y por temas del oficio cada mes debía pasar por lo menos una noche entera en la imprenta esperando las primeras impresiones para corregirlas. El edificio tenía dos pisos y era mi costumbre subir para descansar un rato en un sillón largo mientras se hacía la impresión.

Una noche de aquellas me desperté al sentir la presencia de alguien muy cerca, detalle que me llamó la atención, porque durante la noche el segundo piso donde se hallaban las oficinas administrativas permanecían totalmente solitarias. Pero no me equivocaba, había un joven frente a mí. Me sorprendí porque pensaba conocer por lo menos de vista a todos los trabajadores de la imprenta pero a él no lo había visto con anterioridad. Sin embargo, me tranquilicé inmediatamente cuando él en un tono suave me dijo: “Perdón, no quería despertarte”.

Se sentó a mi lado y comenzamos a conversar un poco hasta que me pidió mi número de teléfono porque “muchas veces se sentía muy solo”. Fue en ese instante cuando pensé que quizás era un loco que se había colado en la imprenta sin ser visto. Sentí un escalofrío y giré hacia la derecha buscando mi saco. Al voltear nuevamente el muchacho ya no estaba.

Bajé inmediatamente las escaleras para avisar que alguien había irrumpido, probablemente se trataba de un ladrón o un hombre un poco trastornado. Registraron el lugar y  no encontraron a nadie. Cuando me pidieron más detalles, todos coincidieron en que se trataba de “Luis”, un chico que vivía a la vuelta y que se había suicidado hacía unos años. Al parecer, no era la primera vez que aparecía por esos lares. Yo no podía creerlo, estaba segura que con quien yo había hablado durante por lo menos cinco minutos, se trataba de una persona de carne y hueso.

Los empleados de la imprenta prometieron llevarme a ver a su antigua novia, que aún trabajaba atendiendo en la panadería del barrio. Tres días después fuimos.  No mentiré que sentí un salto en el corazón cuando ella me enseñó la foto de su enamorado fallecido: era el mismo que me había pedido mi teléfono para “conversar”.

¿Has tenido o escuchado sobre alguna experiencia semajante?

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Acerca del autor

Escrito por Irina Melgar

Mi pasión es escribir, el cine y caminar...!

2 Comentarios Dejar un comentario ›

  • Carmina
    15 agosto 2012

    Hola Irina, pues sí, yo he tenido unas cuantas y mi pregunta es: ¿alguien sabe porque cuando hablan tienen la voz metalica??. Pues donde yo estoy hablan en voz alta y a veces bastante fuerte. Es muy raro y yo siempre me pregunto porque tienen ese sonido tan extraño, no es como nuestra voz.
    Y otra pregunta: ¿porque nuestro cerebro a veces no puede retener las palabras que dicen?? a veces los oigo, pero no puedo retener o recordar las palabras que han dicho.
    El que sepa algo de esto que me informe, gracias y un besito.

    • Suiry
      15 agosto 2012

      Hola Carmina, lamentablemente hay preguntas que difícilmente podemos responder, porque lindan con lo desconocido. Te recomiendo que mantengas la calma y trates de escuchar lo que te pidan, quizá eso pueda ayudarte. Saludos!